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CRONICA: VOCES SEPULTADAS – INVESTIGACION EN YUNGAY

 

El Callejón de Huaylas es un hermoso y extenso valle andino formadohuaraz por el caudaloso rio Santa que recorre de sur a norte entre la Cordillera Blanca al Este y la
Cordillera Negra al Oeste. Es una especial área geográfica que brinda como ninguna otra región del país un ramillete de contrastes paisajes. Donde el cielo transparente, el sol cálido, el clima benigno, las cumbres nevadas, las lagunas cristalinas, las cascadas y ríos de aguas purísimas, las fuentes termo medicinales y los generosos valles son marco para ciudades y pueblitos que provienen de un remoto pasado con gran valor histórico y cultural, llenos de leyendas y habitadas por personas generosas y hospitalarias deseosas de mostrarte su variado folklore. Sin embargo, parece increíble que en medio de este conjunto de virtudes, quede el imborrable recuerdo de la peor catástrofe natural ocurrida en el Perú y que al parecer, aún se reporten manifestaciones de las víctimas que aún no encuentran descanso.

La primera escala en nuestro viaje es la ciudad de Huaraz a 400 kms de Lima, que tiene la mayor población del Callejón de Huaylas. El movimiento turístico en esta ciudad creció en las últimas décadas debido al incesante flujo de visitantes a la denominada capital del montañismo peruano, y en los años más recientes a la actividad minera.

Nuestro paso por Huaraz fue muy breve porque el objetivo de esta investigación  se encuentra aYUNGAY unos 60 kms más al norte, en Yungay, la ciudad que sufrió el mayor impacto en la catástrofe de 1970. Para llegar a este pueblo es necesario recorrer durante una hora una serpenteante carretera en excelente estado. El panorama de la ruta es un verdadero regalo porque es difícil mantenerse indiferente con el espectáculo que nos regala la Cordillera Blanca.

Nuestra llegada a la acogedora Yungay nos transmite sentimientos de tranquilidad que es difícil encontrar en las grandes ciudades. Sus calles limpias y poco transitadas nos permiten captar las mejores imágenes del pueblo, siempre con el precioso marco de fondo que nos ofrece el nevado Huascarán, el más alto del Perú. Nos comentan que la antigua ciudad de Yungay era mucho más bella y con el mayor flujo turístico de la región, pero lamentablemente la furia de la naturaleza la desapareció totalmente en sólo unos minutos.

El 31 de Mayo de 1970, se produjo una de las peores catástrofes naturales en el Perú. Un terremoto de casi 8 grados de magnitud destruyó  casi todas las construcciones en Ancash, matando a mas de 70 mil personas. Pero en Yungay la catástrofe no llegó sola. El terremoto provocó una gigantesca avalancha en el nevado Huascarán y una gran masa de lodo y rocas desapareció a toda la ciudad.  25 mil personas quedaron sepultadas para siempre.

El lugar de la tragedia es actualmente un camposanto que se encuentra a un kilómetro del actual pueblo de Yungay. Por tratarse de un feriado largo nos cruzamos con miles de visitantes de diferentes lugares, que al igual que todos los años llegan para conmemorar a las víctimas del desastre o para conocer la historia del lugar. 

La municipalidad de Yungay gentilmente nos ofreció apoyo y estuvimos siempre acompañados deDON-PEDRO Don Pedro Lacho,  un funcionario que conoce al detalle la historia local como sobreviviente de la tragedia de 1970. Su dramático relato nos hizo revivir esos interminables momentos. Aún era muy joven cuando esa fatídica tarde del 31 de mayo la tierra empezó a sacudirse violentamente y su instinto de conservación lo hizo correr ladera arriba de un cerro cercano, sin presagiar lo que vendría después. Lo que presenció quedó marcado en su recuerdo para siempre al ver desaparecer todo su pueblo bajo una enorme masa de lodo y rocas gigantes. Después todo se oscureció por el polvo y se convirtió en silencio.

Entre los pocos habitantes que lograron salvarse fueron un grupo de niños que milagrosamente se encontraban en un circo ubicado en un lugar más elevado, y cerca de un centenar de personas que huyó hacia el cementerio de Yungay, que por su arquitectura única evitó que el aluvión los alcanzara.

Don Pedro comentó que a pesar de los años transcurridos, los vecinos que viven cerca al camposanto manifiestan haber sido testigos de muchas apariciones de sombras y gritos en el lugar de la tragedia. Estos reportes llegaron a nosotros a través de un artículo de la página de Mincetur y despertó nuestro interés en confirmarlos.

Nuestra primera visita nocturna al camposanto de Yungay la realizamos esa misma noche en compañía de Don Pedro y su hijo Peter. Este último tuvo hace algunos años una experiencia escalofriante en el lugar cuando fue con un grupo de amigos en una noche de Halloween para intentar tener una experiencia sobrenatural. El grupo se sintió abrumado y abandonó el lugar  cuando empezaron a oir pasos y voces a su alrededor.

Pese a que nuestro termómetro marcaba una temperatura de 12ºC, el frío nos calaba los huesos ycontacto-01 nos arrepentimos haber dejado nuestros abrigos en el hotel. Don Pedro nos conduce al lugar donde estaba ubicada la iglesia en cuyo interior murieron gran cantidad de personas. Actualmente sólo quedan los restos de sus muros. Instalamos nuestros equipos para intentar un contacto pero sólo empezamos a recibir respuestas después que solicitamos a Don Pedro intervenir en la comunicación. Una de las respuestas más sorprendentes fue cuando una débil voz se dejó oír a través del Spirit Box diciendo “Tío Pedro”, pero al parecer Don Pedro no la percibió en ese momento. Después de obtener varias respuestas cortas, decidimos cambiar de ubicación para intentar otra forma de comunicación que nos demuestre que quienes respondían estaban realmente con nosotros.

Nos desplazamos al siguiente lugar donde estaba ubicada la comisaría de Yungay. Alli fallecieron todos sus efectivos al igual que el comisario que se hizo cargo apenas el día anterior al desastre. Cuando nuestra Spirit Box se encontraba encendida oímos claramente pasos y voces alrededor nuestro. Cada vez era más evidente que estábamos siendo observados. Pese al  infructuoso intento de comunicación, no obteníamos respuestas a través de ruido blanco del aparato, hasta que nuestro compañero Alejandro presintió que el sonido les molestaba y lo apagó. Inmediatamente se activó uno de los rempod que estaban instalados, activando su alarma y mostrando todas sus luces encendidas. Era un mensaje de respuesta.

Por primera vez desde que experimentamos con estos artefactos, se produjo una larga rempodcomunicación. Asumiendo la activación del sensor como una respuesta positiva, podemos interpretar que quien nos respondía  trataba de decirnos que el ruido de la radio le molestaba y que prefería comunicarse de esta manera. También respondió afirmativamente cuando se le preguntó si estaba buscando paz y que estaba dispuesto en ser ayudado por nosotros para lograrlo. Cuando se le preguntó si era policía o poblador no obtuvimos respuesta. Ante la sugerencia de Don Pedro para comunicarse a través del Spirit Box, encendimos el aparato pero inmediatamente el sensor empezó a sonar fuertemente sin pausa, evidenciando más ser una protesta que una respuesta afirmativa. Sorprendentemente volvió a suceder cuando se le preguntó si el ruido de la radio le provocaba dolor, por lo que tuvimos que apagarla inmediatamente. Después no volvimos a obtener ninguna respuesta porque al parecer nuestro interlocutor se había ido.

La experiencia nos dejó muy sorprendidos a todos porque estábamos comprobando la presencia de las almas que fueron víctimas de la catástrofe de 1970. Alejandro encendió unas velas para pedir por el descanso de quienes se comunicaron con nosotros esa noche y sentimos que una paz inexplicable envolvía el lugar, muy diferente a todo lo que nos sucedió después en nuestra segunda visita. Pero esa es otra historia que publicaremos próximamente. 

 A continuación, el video de la investigación: 

VOCES SEPULTADAS: La Tragedia de Yungay

Hacer click en la foto para ver el video

rempod

Pedro Noguchi

Investigador

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